En horario casi de comida, hacemos la travesía a Pozuelo en medio de copiosas lluvias.
Los incondicionales de la marea verde con ansias de ver una victoria y los jugadores confiando en sus posibilidades, vemos que los jugadores rivales, si bien remolonean para llegar a su hora, ya en los tiros de práctica demuestran que no son mancos.
Crecido por venir de derrotar a Estudiantes, Pozuelo asume la iniciativa y quizás sorprende a nuestros chicos.
Así es que en los primeros compases el local imprime al juego un ritmo frenético y toma la delantera, hasta que la visita logra emparejar y acaba el primer cuarto 2 puntos por debajo.
El segundo cuarto extrañamente es el que va a ser determinante, se desdibujan nuestras ideas, el juego se basa en arrestos personales más que en la asociación colectiva, y al no hallarse las individualidades con las bombillas encendidas, se sucumbe, finalizando la mitad 39 – 27. (parcial 22-12)
En la reanudación, conscientes de que no hay tiempo que perder, se intenta forzar la marcación y afinar en ataque, pero el juego es parejo, con reparto de aciertos, errores, y por lo tanto, de puntos.
El último cuarto trae más de lo mismo, a pesar de la sensación de que se escapa el resultado, los chicos no bajan los brazos y luchan denodadamente, consiguiendo ganar el cuarto pero no por una diferencia suficiente como para dar la vuelta al tanteador, que favorece finalmente al local por 63 – 54.
Dirigido por un árbitro riguroso con los pasos, la zona en la bombilla y que no tuvo ninguna incidencia en el resultado, vimos un encuentro disputado, en el que la testosterona no fue un factor importante y el nivel de juego de Los Sauces quizás estuvo un escalón por debajo de lo que nos tiene acostumbrados.
La próxima semana visitaremos Chamartín para enfrentar a un equipo con vocación de juego coordinado, en mi opinión un lobo con piel de cordero, así que habrá que ajustar algunos resortes del juego para contar con posibilidades.